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Para hacer un buen vino, no es suficiente tener hermosas vides y un hermoso sol. Está lo invisible y lo indecible, lo que aprendemos y lo que se nos transmite. Si hoy Jean-Marc, Ericka y Joris tienen un ojo experto, se lo deben a su aprendizaje, por supuesto, pero también a algo mucho más sutil: la herencia de un saber hacer, un ADN intrínsecamente vitivinícola. Por ejemplo, en Château Laffitte-Teston, no analizan las uvas. Lo probamos, el hito es solo gustativo. Esta es la marca Laffitte Testan: calidad constante y controlada, resultado de la experiencia arraigada en los genes. La pasión fluye en sus venas, como la savia fluye en las vides.